Esta reflexión me ha resultado especialmente fácil y especialmente difícil. Difícil porque quizá uno siempre está en la peor perspectiva posible para autoanalizarse. El distanciamiento necesario para un autoanálisis de este tipo requiere, como su nombre indica, distancia, un punto de vista ajeno y lo más neutral posible. Por eso me he visto obligado a recurrir a personas del entorno, cuyas opiniones me resulta muy valiosas.
Por otro lado la facilidad en muchos de los ítems me ha venido impuesta por la experiencia. Después de casi 20 años en un equipo directivo más o menos estable, con esporádicas sustituciones del director por enfermedad u otras causas, muchas de las habilidades por las que se pregunta en el test las he tenido que, forzosamente, desarrollar con mayor o menor fortuna.
Soy consciente de cuáles son mis cuatro puntos débiles. Entiendo que estas habilidades se puedan entrenar y me resultaría tremendamente útil recibir formación para mejorarlos.
El desajuste entre empatía y preocupación por los otros puede parecer paradójico, pero viene motivado por el hecho de que, a pesar de que me preocupo por el bienestar de profesorado, alumnado y familias, en ocasiones la actitud de, sobre todo, parte de los primeros, me conduce a no ser todo lo empático que debiera.
La claridad y concisión en las explicaciones es el fruto de, por un lado, la larga trayectoria como jefe de estudios, que motiva ser lo más claro posible con familias y alumnado, y por otro, de mi formación como filólogo y escritor, faceta esta última en la que el objetivo comunicativo es esencial.
En este esquema he valorado menos cuatro aspectos.
Verdaderamente la gestión del tiempo es uno de mis talones de Aquiles. Me inmiscuyo en demasiadas actividades y acabo en un marasmo de cuestiones superpuestas. Quizá la solución a esta debilidad consista simplemente en reducir el número de responsabilidades. Esta escasez de tiempo hace que no dedique demasiado a la evaluación ni a la organización de recursos. La jefatura de estudios que dirijo es un agujero negro que atrae todo tipo de conflictos y comentarios, los cuales acaban interfiriendo en ciertos aspectos organizativos del trabajo.
El último aspecto que he valorado a la baja ha sido la negociación. No es que no la practique, pero en ocasiones las actitudes de cierto sector del profesorado hace imposible llegar a algún acuerdo respecto a cuestiones que vienen marcadas por la ley, sobre todo las relacionadas con la metodología y la evaluación.
"El liderazgo y aprendizaje son indispensables el uno para el otro". J. F. Kennedy
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